El Libro rojo del cole

El otro día, compartiendo viandas y confidencias con Gachas, éste su diyéi recordó de repente algo que llegó a creer se trataba tan sólo de una leyenda urbana. La propia Gachas, de hecho, a la par que animaba a escribir sobre ello, dudó también de su existencia.

No, se dijo éste su diyéi, yo lo he leído, lo he visto… me lo enseñó mi amigo Antonio en el colegio. Incluso me lo dejó, y lo leí en casa, a escondidas…
(NOTA: ese mismo amigo y compañero de colegio, sí, que le robó a éste su diyéi su amada pero que -quizá para compensar- le regaló algunos discos de jevimetal cuando decidió que el jevi no era (¡argh!) moderno porque le molaba la (¡argh!) movida… Y, claro, en este preciso punto, se pide y casi exige la ayuda de la también amiga y compañera de colegio Silvia Uslé, que seguuuuro entrará a comentar este su post)

Pues ni por esas éste su diyéi las tenía todas consigo ¿Existió alguna vez El Libro rojo del cole? ¿Fue acaso una leyenda urbana? ¿Residió sólo en su imaginación como la sempiterna Mano Negra? Por suerte o por desgracia, en estos tiempos nada románticos y sí inmediatos, estas preguntas que rozan la duda metafísica no se hacen a la propia memoria, al viento, a la enciclopedia, a los colegas o a la almohada… sino al Google.

La respuesta se obtiene con tanta facilidad que borda lo insultante: El Libro rojo del cole fue una monografía originalmente publicada en Dinamarca y posteriormente traducida al español y publicada en España clandestinamente durante la Transición por la editorial Nuestra Cultura, con edición literaria de Lluís Cabrera, dentro de la colección Mano y cerebro. Desde un enfoque marxista en el libro se criticaba el sistema educativo vigente ofreciendo soluciones para los alumnos que tenían que sufrirlo (…) espeta la Wikipedia. ¡Ah! Pero fíjense en un pequeño detalle: publicada en España clandestinamente durante la Transición (…)¡Clandestino! Un bonito vocablo que perdió su sentido en España hace muchos muchos pero que muchos años. Correcto: éste su diyéi y su amigo Antonio lo leían clandestinamente.

A estas alturas de la pesquisa, la web marxismo.com acaba por encuadrar esa clandestinidad en una fecha muy concreta: 1979. Correcto de nuevo: Antonio y éste su diyéi eran ya clandestinos con apenas 11 años, quizá 10 (y aquí se les ruega que no utilicen dicho dato con malos fines. O sea: no echen cuentas, por favor), apenas dos o tres antes de que Antonio diese una de cal y una de arena, robando y regalando, reventando y adornando la pubertad de éste su diyéi…

Pero no es ese el tema. El caso es que los que más o menos recuerdan cómo Los Electroduendes convertían las enseñanzas de Don Carlos Marx en geniales fábulas televisivas, deberían atesorar de igual manera los consejos de El Libro rojo del cole para quejarse de un profesor u organizar una protesta… que NUNCA pusieron en práctica. Al menos, conscientemente… ¡Mierda! En realidad, las páginas más devoradas y manoseadas eran las que hablaban del sexo y las drogas…

Pero resulta que el tiempo avanza, inexorable:

Antonio perdió a Cristina en favor de un malvado argentino arribista llamado Tomás y las malas lenguas dicen que se hizo falangista.
El Libro rojo del cole (no se ha dicho, pero las ilustraciones son del gran Romeu) se puede descargar en formato PDF e íntegramente AQUÍ
-El Semanal Digital publicó ESTA BASURA el 22 de octubre de 2005. Léanlo, por favor aunque éste su diyéi no se resiste a estractar: En su momento la LOGSE fue un gigantesco experimento de ingeniería social, de manipulación ideológica de la sociedad a partir del control de la educación. Ahora bien, la izquierda no engañó a nadie, porque advirtió expresamente de sus metas e instrumentos desde que empezó la Transición. Desde El libro rojo del cole de 1979 la izquierda definió su objetivo: un hombre nuevo, forjado a su imagen y semejanza a partir del control monolítico de la escuela pública, de la domesticación de la escuela privada y de la imposición de sus dogmas pedagógicos. Ya lo hemos visto. Menos conocido es que el libro publicado por la editorial Nuestra Cultura en 1979, impulsado por Alfonso Guerra, distribuido por Cristina Almeida, tibiamente censurado por la UCD, fue también repartido por Egin, que sufrió un secuestro por esta causa en abril de 1980. Así que, digan lo que digan los chicos de Zapatero, toda la izquierda, de ETA al PSOE, tiene una antropología común y defiende un mismo modelo pedagógico.

Y es que, conocieran o no la existencia de El Libro rojo del cole (se les ruega lo expresen con sus comentarios) ¿Se imaginan lo que pasaría ahora en los colegios y en la sociedad si se repartiese de nuevo entre los alumnos? Y, sobre todo ¿No les vuelve a sonar estupendamente eso de la clandestinidad?

In the mix VVAA De Benidorm a Benicassim

Mercado (poco) común

Como diria Gasset Dubois, Mi amiga Mercedes Cebrián ya se asomó a este blog cuando publicó El Malestar al alcance de todos, una acertadísima colección de relatos que alguien llegó a calificar como el primer libro español verdaderamente postmoderno. Este su diyéi, que de ninguna manera tiene vocación de crítico literario, se limitará a decirles que el nombre de esta bitácora es un homenaje a dicho libro y que en él se incluían también una serie de poemas que demostraban sus dotes para este arte.

Aunque, para poemas, los de Mercado Común (Caballo de Troya, 2006), segundo libro de la amiga/escritora que ha sido presentado hace apenas unas horas en la siempre bienamada Residencia de Estudiantes de la que Mercedes Cebrián fue becaria y en la que, siempre según ella, comenzó a escribir este poemario.

Pese a que este su diyéi es, como saben, practicante en exceso del adjetivo, en esta ocasión intentará controlarse. O no. Sólo dirá que la amiga/escritora se extraña/extraña, se maravilla/maravilla, se asusta/asusta o se emociona/emociona en esta colección que proyecta/escupe una voz ferozmente irónica, destructivamente tierna e irrenunciablemente propia. Y ya. Bueno, no, añadirá las dos primeras estrofas que abren este, si me permiten la expresión absurda, road book:

Aquí están los adultos de la Unión
Europea. Aquí también su manera discreta
de expulsar de sus vidas
a los otros adultos
-afortunadamente en todos sus armarios
hay una gabardina

azul marino o beige.

Si logro agazaparme en este recoveco
no me alcanzará ninguna directiva
comunitaria. No me alcanzarán tampoco
los proyectos. En este portafolios llevo
el mío: no lo voy a emprender, sólo quiero mostraros
su muerte, verjurada en la pulpa
de su propio papel.

(…)

Y si quieren leer más, se lo compran.

In the mix The New Pornographers Twin Cinema

Semana Supersónica

Lo crean o no, este su diyéi ha sobrevivido a cinco conciertos bien distintos en 7 días. Pasen y vean:

Todo comenzó el ya lejano sábado con el desembarco del exceso por el exceso de Muse. Ante un Palacio de los Deportes abarrotado y (claro) excesivamente entregado, Matthew Bellamy (una mezcla hiperventilada de Freddie Mercury y Brian May) desgranó su excesivísimo repertorio con la ayuda de los otros dos y un becario alejado de las luces que atacaba teclados de apoyo. La puesta en escena fue tan espectacular como kitsch. Y, pese al exceso de baladorras en la parte central del show, la cosa estuvo muy divertida.Del exceso a la furia el domingo y con Erase Errata. Lo dijo Javi Dead Capo: los grupos de post punk con cencerro, mucho mejor. Y si le añadimos la pericia rítmica del trío, ni les cuento. En tan solo 50 minutos encendieron pies, mentes y corazones. Nutrida representación lésbica (más inflamada por la orientación sexual del trío que por conocer sus canciones) en una sala ignota y absurda hasta decir basta situada en zona nacional… estoooo, pija… llamada El Doblón. Al margen de un nombre más digno de mesón castellano que de otra cosa, baste reseñar que al acabar el concierto comenzaba una inenarrable fiesta de disfraces totalmente… osea ¿no?El miércoles tocaba rendir pleitesía a la firmante de uno de los mejores discos del año 2006 (pronto en este su blog): Joan As Police Woman. Con el añadido de una bajista y un batería, sus canciones se escucharon más que bien en El Sol acompañadas de sus chascarrillos, gritos y momentos enloquecidos. Sexy, locuaz y casi estupenda de voz (cayó algún gallito) no llegó a emocionar tanto como cabía esperar pero sanó el alma de un diyéi con hambre de nuevas sensaciones.

El jueves fue día para disfrutar de los amigos antes, durante y después (muuuucho después) del concierto de Muletrain en el Nasti-Maravillas-o-cómo-se-llame. Lo más notable sin duda, el encanto hardcoreta del show, con bofetadas cariñosas, algún escupitajo e invasión del escenario por los que deseaban arrebatar el micro al nunca bien ponderado Ivar, verdadero motor del cuarteto sin demérito alguno para los demás. Un muy buen concierto breve, intenso y violento en lo musical que dio paso a una hermosa noche en el Angie.

Y el viernes, con la legaña y la resaca puestas, comenzaba el Wintercase con The Veils (unos Nick Cave & The Bad Seeds de segunda división y alguna canción buena) y Ed Harcourt: solito y rodeado de un arsenal de percusiones, piano y guitarra que brillaron gracias a un buen uso del sampler, se marcó un repertorio casi de luxe (le sobran canciones) y despotricó a gusto (un poco machirulamente según Mr. Casado) contra los imbéciles que no pararon de hablar (más bien gritar) a lo largo de su más que estimable concierto. Quizá se pasó, pero semejante panda de gañanes que adorna casi todos los conciertos capitalinos debería ser colgada de las orejas en la plaza pública y nos tiene, sin dudarlo, MU PERO QUE MU HASTA LA POLLA.

In the mix Squarepusher Hello Everything