Wilco: a contrapié

Se siente, amigos de Rockdelux (obra menor, rock confortable y un entrevistador jodido porque Jeff Tweedy se le rebela), Mondosonoro (vergonzosa y cobarde entrevista) o Pitchfork (rock adulto, clásico, complaciente y poco logrado), pero no cuela. A este su diyéi le gusta, y mucho, Sky Blue Sky. Más, de hecho, que el algo indigesto A Ghost Is Born y casi tanto como Summerteeth, Being There o Yankee Hotel Foxtrot.

Es fácil dejarse deslumbrar por los nombres -ese Jim O’Rourke que hoy brilla por su ausencia-, las producciones aventureras y el riesgo sónico, pero si a estas alturas no sabemos descubrir la esencia (canciones ¿se acuerdan de lo que son?), mal vamos. El nuevo disco de Wilco tiene concretamente doce, y al que les escribe le sobran como mucho una o dos. Es más, le da la impresión de que Side With The Seeds o Impossible Germany o Walken o Shake It Off están entre lo mejorcito de su repertorio.
Además ¿por qué los mismos que glorifican a Tweedy cuando interpreta las canciones del repertorio de Wilco en acústico no le permiten grabar un disco de hechuras sencillas?

Pero, claro, tocaba cargarse a Wilco. De hecho, el timing es perfecto:

1 – El grupo comienza a romper el techo del indie y puede empezar a vender bastantes más copias

2 -Tweedy parece haber superado sus adicciones y sus letras -por lo general- se han vuelto bastante más luninosas

3 – Hay cambios en la formación y se decide grabar un disco sin aditivos, practicamente en directo

Este su diyéi confiesa que a primer oido el disco le pareció flojo, pero no saben cuánto ha ido ganando con las sucesivas escuchas. Algo muy gratificante, por cierto. Pero claro, quizá ahí resida la cuestión: este giro a la sencillez, mal escuchado, ha debido pillar a más de un crítico listillo a contrapie: ¿Por qué nos habéis hecho esto? -sollozan en sus cuevas…

Pues para entenderlo todo aún mejor, se recomienda la adquisición de Sky Blue Sky en la versión limitada con dvd, en el que los chicos interpretan ocho de las canciones en un ensayo general para los conciertos. Acojonante: cuanto más desnudan las canciones, mejor suenan.

Conclusión: éste su diyéi está deseando ver a Wilco en el Primavera Sound

grandes conciertos en salas pequeñas

o elogio de la proximidad…
o cómo en un puñado de días, éste su diyéi se ha cascado tres bonitas excursiones sonoras por los alrededores de músicos que ganan en las distancias cortas…

a saber:

Mick Harvey (jueves 3 de mayo) empezó de mala hostia pero se fue suavizando, generalmente para bien. Se hizo acompañar por otro Bad Seed mítico, de esos que a su vez hacen compañía a Nick Cave desde 1984: Thomas Wydler; nada menos que un virtuoso de lo pequeño al que era emocionante observar acariciando su batería con delectación- ventaja número uno de las salas pequeñas: puedes observar a los músicos. También estaba el teclista / guitarrista James Johnston (reciente mala semilla y cantante de Gallon Drunk) con un órgano (y perdón por el chiste involuntario) que daba gloria… oirlo. Y una contrabajista de amplia sonrisa y escueto armazón que atendía por Rosie Westbrook. El concierto fue en La Boite, según parece una longeva (hasta ahora desconocida por su diyéi) salita acabaretada con cortinaje rojo y todo; extremadamente acogedora. Bien bonito.En este su blog se ha arremetido contra Joanna Newsom (sábado 5 de mayo) por su aburrido último disco (aunque sea la quintaesencia de lo sublime para unos cuantos) pero también se ha expresado que el anterior sí gustaba. Un poco por ello, otro poco por ver qué modernos -unos cuantos, y muy respetuosos: el silencio es siempre mayor en las salas pequeñas- acudían a la cita y otro poco por acompañar a un amigo) se asistió al Neu! Club (osea, el Galileo de toda la vida los sábados y sin mesas) para ¡oh! finalmente disfrutar con la arpista de voz extremadamente aguda, extraños visajes y canciones de 15 minutos. Sin cuerdas -las que supuestamente dan empaque a su último trabajito (salvo por el violín de una sonriente muchacha) y con numerosos problemas de sonido (y eso que sólo eran 4 músicos si contamos a los dos tipos que se repartían una batería minimalista, un banjo y una tambura) éste su diyéi disfrutó bastante… salvo cuando la Newsom se cascó diez minutos de arpa y voz sin más. Hora de salir corriendo hacia:Travolta. El nuevo grupo de los ex Surfin’ Bichos y Mercromina Joaquín Pascual y Carlos Cuevas concitó únicamente unas 50 personas en El Sol pero dio una lección maestra de pop, aún mayor y más contundente que la de su primer disco, El efecto amor. El grupo -esas tablas- se crece enormemente en el escenario y Ana Galletero -preciosa y frágil voz, rasguñado violín, bajo, teclados- es todo un fichaje. Se les veía disfrutar enormemente en el escenario y al (exiguo, una pena, pero muy entregado) público con ellos. Una vez más, ganaron los detallés y el efecto proximidad de la sala: éste su diyéi estaba en primer fila, y si tuviera pelo se le habría erizado con esos comienzos delicados y se le habría despeinado a remglón seguido con los arañazos eléctricos que casi ineludiblemente llegaban después. Despliegue de cacharrería, instrumentos, canciones y buen gusto que encima acabó con el maravilloso Evolution de Mercromina… Ays, que bien.

In the mix Travolta El efecto amor

PD: ¡¡Sniff!! Según parece -informa Tamel en estos momentos (22:55), y afirma que ha sido el concierto del año– un inoportuno y tremebundo catarro ha apartado a este su diyéi de un espectacular, espasmódico y extremadamente punk concierto de The Horrors en ¿adivinan? otra sala pequeña y madrileña: Moby Dick. Media hora escasa pero intensísima que ha terminado hace apenas unos minutos con un saldo de dos heridos por caída de bola de espejo en la cabeza y parte del mobiliario de la sala arrancado y maltratado por el propio grupo. Así que si van a su ciudad… no se los pierdan… ¡Argh! Envidia cochina la de éste su diyéi… Jo.

Lo dicho: mucho mejor en las distancias cortas.

(Fotos de The Horrors cortesía del gran Tamel)