EX!!!!

¿Dance punk? ¿Afroindie? ¿Franz Ferdinand? ¿Vampire Weekend? ¡Paparruchas! Cuando ellos van, estos vuelven: ¡Denme a The Ex, por favor!

The Ex en Etiopía

El otro día los holandeses pusieron patas arriba el Moby Dick en apenas una hora de concierto. En 2009 se cumplen 30 años del nacimiento de esta banda de punk contaminado y en constante descomposición. Espléndidamente contaminado por el noise, los ritmos afrocaribeños o estructuras de free jazz y rock matemático. Descompuesto por un incesante trasiego de músicos. Pero poco importa que el vocalista original, G. W. Sok, acabe de abandonar la formación. Su sustituto, Arnold de Boer, cumple con su papel a la perfección entonando mantras, berreando, arengando a la tropa, escupiendo consignas y hasta gritando en español vamos, vamos, vamos o número unooooooooooo como base de un bis anfetamínico y feroz, de los que quitan el hipo y te hacen salir a la calle con los puños apretados y una amplia sonrisa.

De Boer maltrata además una de las tres guitarras -cortantes, repetitivas, chirriantes, asesinas- con las que trenza su sonido actual The Ex, aprovechando que el último bajista también acaba de dejar el grupo. En las otras dos, Terrie Hessels -único miembro original, en una forma impresionante y pegando botes como un chaval a sus (como mínimo) 50- y Andy Moor. Y en la batería, Katherina Bornefeld, que lleva 25 años manteniendo el esqueleto rítmico: metronómico, primario, avasallador. Puro ritmo, pura hipnosis… y una voz potente y hermosa que -lástima- sólo se escuchó en un tema. Los cuatro -perfectamente ensamblados pero siempre bordeando un ordenadísimo caos- no concedieron tregua: ni un puto momento de respiro. Un auténtico exorcismo de ritmo y ruido.

In the mix The EX Joggers & Smoggers

PD: a lo largo de esta horita tan reveladora, éstesudiyéi se acordó más de una vez de una experiencia reciente y parecida: el concierto de Foals, del que se habló aquí

Esperando a Len

Para aquellos que han desistido definitivamente de quemarse en el infierno anglificadísimo del FIB -y entre los que se encuentra éstesudiyéi-, cae cual maná el anuncio de los próximos conciertos veraniegos en España de Leonard Cohen, quien -según todos los indicios y noticias- triunfó en el pasado Benicassim. Y para esperar hasta entonces nada mejor que entregarse a las 2 horas y media largas -tachen largas ¡se hacen cortas!- de su dvd Live In London. Grabado en la gigantesca O2 Arena -por Madrid se le verá el 12 de septiembre en el Palacio de los Deportes– en julio de 2008, recoge casi íntegramente los dos pases y los bises del concierto.

La realización es pobre -apenas 4 cámaras-, bastante cutre y muy televisiva: prácticamente ignora al público y abusa de los primeros planos. Pero ese abuso también nos permite disfrutar de la interacción entre Cohen y sus músicos. Entre ellos, el director musical y bajista Roscoe Beck, responsable de que las canciones de Cohen suenen -de verdad- mejor que nunca. O el español Javier Mas, capaz -entre otras muchas cosas- de tocar el blues con un laúd de 12 cuerdas. La realización íntima nos regala a Len agachando la cabeza ante el talento de sus instrumentistas… y de sus tres coristas: las Hermanas Webb -que se meriendan con emoción If It Be Your Will– y, sobre todo, Sharon Robinson: colaboradora habitual de Cohen que ha compuesto con él unas cuantas canciones, como Everybody Knows e In My Secret Life -ambas en el repertorio- o Boogie Street, en la que toma la voz cantante ante la mirada complacida -y rendida- de Leonard.

El despliegue de primeros planos también capta las arrugas de un Cohen (74 añazos) concentrado en su fantástica interpretación, sonriente, a gusto, divertido, disfrutando como un crío -ese chaval de 60 con un sueño inalcanzable que visitó Londres la vez anterior, en el 94, según comenta el propio artista en el concierto-, haciendo bromas antes de atacar la gigantesca Tower Of Song, recitando -escalofrío- A Thousand Kisses Deep o luchando como un jabato durante 7 minutos para reclamar -con acierto- la autoría de la inconmensurable Hallelujah, de la que -según muchos rumores- le habrían podido despojar John Cale, Jeff Buckley o Rufus Wainwright.

El repertorio se centra en la segunda parte de su carrera -desde Various Positions, del 84- aunque curiosamente ignora su último disco, Dear Heather. Nada que objetar, dadas las enormes lecturas de Anthem, Everybody Knows, I’m Your Man, Take This Waltz o First We Take Manhattan -¡Sí! ¡Se puede bailar con la música de Cohen!- y las recuperaciones de clásicos de su primera etapa: Bird on the Wire, Suzanne, Sisters Of Mercy, So Long Marianne, Who By Fire… Todo cabe en casi 3 horas de concierto que empiezan y acaban con Leonard ¡corriendo y saltando! hacia y desde el escenario. 3 horas para llenar de esperanza a los que deseamos asistir a su -ya de verdad- última visita a España.

In the mix Depeche Mode Sounds of the Universe