Lo mejor de la década 6: mejores discos nacionales 2002



Maga Maga
Debut de Maga, el grupo que, con un poco menos de cerrazón orejil debería haber arrasado corazones mainstream. Vaaaaale, en un mundo ideal. Su alargada sombra pop se mueve entre Piratas y Planetas. Fueron de los primeros en importar sensibilidades del emo pop británico; y encima plasmaron su peculiar espíritu en canciones acojonantes como Diecinueve, Agosto esquimal o Piedraluna. Escuchados hoy, parecen los hermanos mayores de Vetusta Morla.

Mercromina Bingo
Un monumento al riesgo entre dos monumentos a la melodía del calibre de Canciones de andar por casa (1999) y Desde la montaña más alta del mundo (2005): a su vez otra cima -y perdón por el chiste fácil- del alpinista del pop español -léase Joaquín Pascual, el otro ex-Surfin’ Bichos hasta su resurrección temporal, también en esta década- que más ochomiles ha escalado en estos 10 años, bien con Mercromina o los posteriores Travolta. Aquí, más kraut-space-noisero que nunca, pero sin perder el poder del susurro.

Migala Restos de un incendio
Lo mejor de este grupo con tendencia a quedarse calvo… de tanto pensarse. De cómo Migala -aquí en formación de septeto, Nacho Vegas incluido- despoja su discurso de una intelectualización excesiva y se suelta para demostrar que su conocimiento enciclopédico del pop también se puede escupir en píldoras digeribles. Y no hay mejor manera de hacerlo que con lo que propone este disco: regrabar canciones de sus 3 álbumes anteriores. El re…frito se torna re…velación. Bendita atmósfera crepuscular, producción implacable y la mejor versión de la mejor canción de su historia: Aquel incendio.

Nosoträsh Popemas
Si el concepto Popema ya era hermoso y se explicaba a sí mismo a la perfección, el resultado es deslumbrante. 20 miniaturas -más otras pocas desperdigadas por los singles- en las que Nosoträsh dan el do de pecho. Lirismo puro, íntimo, conciso y emocionante. Por cierto ¿que fue de Elläsh?

Ojos de Brujo Barí
Usted, persona sensata y de gusto exquisito, compondrá una mueca de terror ante palabras como mestizaje o -¡argh!- flamenquito. Hará bien… casi siempre. No con Ojos de Brujo antes de creérselo demasiado y aburrirnos con fotocopias desvaídas del estupendo Vengue (1999) y éste, su mejor disco. Cuando scratch, guitarra flamenca, cajón y bajo funk se entendían a la perfección. Y había que verles en directo. Una puta fuerza de la naturaleza, señores.

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