Lo mejor de la década 7: mejores discos extranjeros 2003



Basement Jaxx Kish Kash
La acumulación de temazos hace de Kish Kash la joya de la corona de Basement Jaxx. 14 canciones sin respiro comandadas por un póker de ases: Good Luck, Lucky Star, Plug It In y Cish Cash. Con las respectivas gargantas de -ojo- Lisa Kekaula, Dizzee Rascal (ver más abajo), J C Chasez de ‘N Sync -pudo haber sido él y no Justin– y ¡Siouxsie! Palabras mayores para el maltrecho dance de la década.

Belle & Sebastian Dear Catastrophe Waitress
Belle & Sebastian vuelven por sus fueros. O, mejor aún, por otros algo distintos. Producidos por un Trevor Horn que acababa de trabajar -atención- con t.A.T.u. ¿Se acuerdan? Pero esto no es ninguna broma. El grupo se quita complejos de vocación amateur en busca del mejor envoltorio posible para algunas de las mejores canciones de Stuart Murdoch, caso de I’m a Cuckoo o Step Into my Office Baby. Brillante.

Colder Again
Desolación calculada. Frío abrasador. El francés Marc Nguyen Tan apela lo justo a los fantasmas de Joy Division, Can, Aphex Twin o Air para mecerse entre ambient, post-punk, minimalismo electrónico y kraut sin necesidad de venderse a ninguno. Un artista visual reconvertido en músico de texturas casi táctiles. Amour fou ¿O era Crazy Love?

Death Cab for Cutie Transatlanticism
Ben Gibbard es uno de los talentos indiscutibles del pop de los últimos 10 años. Y sus Death Cab for Cutie no tienen ni un solo disco malo; este es, ni más ni menos, el mejor. Nervio, humor malvado, ingenio, melodías. Por si fuera poco, en este 2003 hizo doblete con The Postal Service. Véase un poco más abajo.

Dizzee Rascal Boy in da Corner
Un tan espectacular como dañino despliegue de grime, hip hop, ragga, electro y demás hierbas electrónicas y baialbles. Nacido en la fecunda explosión del grime londinense de principios de siglo. Compuso la columna vertebral de esta ensalada cubista de ritmos, I Luv U, con 16 añitos. Aún en activo, cada vez sorprende menos.

Drive-By Truckers Decoration Day
Tras su abrumadora, excesiva y ambiciosa Southern Rock Opera (2001), Drive-By Truckers miran un poco hacia adentro. Se ponen, a su manera, intimistas. Con el nivelón que tienen sus discos, elegir uno -éste, por ejemplo- se hace difícil. En cualquier caso, es -junto a Wilco y poco más- uno de los grandes grupos de rock americano (añadan aquí sureño, si quieren) de los últimos años. Densos, poderosos, con tres voces solistas y un nivel de canciones que asusta.

Four Tet Rounds
Vamos a ver… Kieran Hebden es un batería de jazz frustrado con un pie en el free, otro en el post-rock, otro en el folk, otro en el hip hop y otro en el techno. Y todo -o casi- sin moverse de su Mac ¿Muchos pies, dicen? No se crean, en Rounds se reparten patadas a diestro y siniestro. Y todas llegan a su objetivo. Un discazo de electrónica.

Dayna Kurtz Postcards From Downtown
Madre mía, qué lagrimones. Lo que le hace Dayna Kurtz al corazón -encogerlo cual chufa- debería estar prohibido. Una de las voces más emocionantes de los últimos decenios. Adscrita a la Americana, es capaz de trascender géneros a golpes de emoción… y con canciones como la titular, Love Gets in the Way, Miss Liberty o Somebody Leave a Light On ¡Jooooder, qué escalofríos!

Outkast Speakerboxxx / The Love Below
Dos discos dos -repartidos equitativamente entre André y Big Boi -para sublimar el hip hop, hacerlo desparecer y luego revolcarse en el funk á lá Prince para llegar al punto más alto de unos Outkast que crecían a marchas forzadas con la década. Por si faltaba algo para desmarcarse, un hit planetario y descaradamente pop, sin un solo segundo de rimas: Hey Ya!

The Postal Service Give Up
Ben Gibbard de Death Cab for Cutie (ver arriba) y Jimmy Tamborello alias Dntel se curraron por correo -de ahí el nombre del dúo- este prodigio del pop electrónico. Mucho más que la hiperbólica Such Great Heights, que ya es decir.

Prefuse 73 One Word Extinguisher
Guillermo Scott Herren parte del hip hop abstracto y de una falsa estructura de mix tape para meterse en todo tipo de camisas de once varas y salir reforzado. Un disco lleno de ideas, de sonidos, de canciones… de momentos geniales. Mr Prefuse se ha ido metiendo, para bien de todos, en diversos berenjenales sónicos; y acabó instalado en Barcelona, tras enamorarse de una chica con la que grabó bajo el nombre de Savath & Savalas.

The Soft Pink Truth Do You Party?
El pureta de la electrónica experimental se llevará las manos a la cabeza si ve aquí este disco en vez de, un suponer, A Chance to Cut is a Chance to Cure (2001) de Matmos. Déjese llevar, Señor Pureta. Al fin y al cabo, la mitad de Matmos –Drew Daniel– montó esta verdad suave y rosada (difícil ser más explícito) cuando Herbert le retó a que se atreviera con un disco de house. Y vaya si osó. Bien ayudado por su compinche MC Schmidt y por la terrorista Blevin Blechtum. Una joyita del microhouse que cabalga los fantásticos materiales sonoros de Matmos sobre potentes beats de baile para construir golosinas groovy del calibre de PromoFunk. Añádase un importante plus de humor petardo.

Rufus Wainwright Want One
O de cómo los espíritus de Leonard Cohen y Judy Garland pueden habitar sin mayores problemas en el mismo cancionero. Seguramente la verdad de Rufus descansa a medio camino entre la épica algo más clásica de su segundo disco, Poses (2001) y la maravillosa y descarriada afectación pop de este Want One. Pero sólo por el hecho de que entre uno y otro su voz y su interpretación escalaron cuatro o cinco peldaños, hay que quedarse con éste; gracias al cual, además, muchos descubrieron (descubrimos) al Señor Wainwright.

The White Stripes Elephant
Alabados hasta la extenuación por los que llegaron tarde (o nunca) a Led Zeppelin, los White Stripes deberían haber sido capaces de poner de acuerdo a rockeros recalcitrantes y moderniquis sin remedio. Pues no. Una lástima, porque molan mogollón. Sobre todo en este Elephant. El disco que contiene Seven Nation Army tiene que ser, obligatoriamente, su mejor disco. Y encima, Black Math, The Hardest Button to Button y su encantadora versión de I Just Don’t Know What To Do With Myself.

Wire Send
Tras más de diez años de sequía, 25 después de su debut y con los 50 cumplidos, los imprevisibles e imprescindibles Wire daban dos ruidosos toques de atención con sendos EP’s (Read & Burn 1 y 2, ambos de 2002) y atacaban luego sin piedad con este Send. Un disco en el que se masca una sensación de peligro que se hizo física en la tremebunda gira con la que lo presentaron poco después. Sin respiro desde In the Art of Stopping hasta 99.9

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