Party Hard!

Enciérrese a 500 personas –bueno, había muchas más- en una casa BBC (bodas bautizos comuniones) de luxe en mitad del Monte del Pardo; cébeselas con perritos y hamburguesas by the face con delicioso sabor a plástico; fórreselas a chupitos gratis del licor ese del ciervo y la cruz, que algunos llaman absenta en pequeñito, sin olvidar los evidentes aportes externos; sométaselas a emanaciones tóxicas en forma de electroclash, garaje-punk, free-pop y demás aberraciones francamente disfrutables; remuévase todo con una puesta en escena estridente y… ¡Enhorabuena! Tiene usted un fiestón.

Si encima convence usted a Liars para que encabecen el evento en lo musical, el triunfo es doble. O mayor. El propio cantante de los neoyorquinos, Angus Andrew, dio la bienvenida a los asistentes a lo que él mismo llamó su casa, la Casa Jäger. Antes de enfrascarse en uno de sus sets ganadores, extravagante pero rítmico, de sobresaliente: vamos, de los que no abundan en un ombliguismo experimental que llega a aburrir al moderno más pintado. Por cierto, por si se lo preguntan, no había muchos (modernos), pero sí demasiados poligoneros con aparente ataque de speed que montaban pogos con demasiado codo de por medio.


Otras drogas parecía haberse tomado el espectador que desmontó la cama de una de las habitaciones –lanzando primero almohadones, después la colcha y el edredón, luego el mismísimo colchón, por suerte no el somier- durante la enérgica actuación del quinteto Fucking Bollocks. Nada comparado con el caos en el que se sumió en la misma habitación el posterior ataque sónico –guitarra y batería- de Comanechi, al que no fue ajeno la propia percusionista, a punto de perecer sepultada por su propio instrumento. Resultado: la seguridad del evento procedió a suspender la actuación.

No se crean: también hubo fiesta en el jardín, con reparto de licor herbáceo entre empujones y, sobre todo, el divertidísimo concierto de Novedades Carminha, puro punk gallego –no hay mejor adjetivo, se lo garantizo- sellado con un apasionado besaco con lengua entre cantante y bajista: amor a dos acordes.

La fiesta se prolongó hasta las 4 como mínimo, pero 2 horas antes Éstesudiyéi se marchaba sorteando los típicos cadáveres más o menos felices que deja como rastro cualquier buen fiestón, y con la sensación de haber exprimido un buen rato lo que ofrecía la Casa. Justo, justo cuando los medallones luminosos de Metronomy alumbraban a las criaturitas que abarrotaban aún el escenario del Hall.

 Fotos de DJFlow

La semana del mono: entre indi y pescaíto

¡Monkey Week! Llegar al Puerto de Santa María a fiesta puesta, fiesta de bienvenida con Johnston y después un grupo de nombre erróneo: muy fuerte lo de La Débil, cruce imposible entre Leño y Neu! Muy fuerte, también, Tom Bennet: crooner desestructurado y disfuncional, mucho más Mike Patton que Frank Sinatra; fortísimo lo del ubicuo Chico Biónico, que solo le faltó pinchar lo last de Dover… ¡Qué fuerte en la fiesta Juan Aguirre!: Me encanta Nos Queda la Música ¡Me habéis descubierto a Fever Ray! El Amaral mesarredondista de Músicos, independencia y sus consecuencias diciéndole al moderador de Mondo Sonoro que la única vez que sacaron a su grupo fue para reírse de que a Eva y a él mismo les gustaba su revista ¡Qué fuertes risas con otro participante de la mesa, léase Nacho Vegas, hablando apasionadamente (nunca imaginé qué…) entre otras cosas de si los bueyes de mar molan más que los carabineros!

Y al día siguiente, a la feria para visitar a la pelirroja de La Trinchera y seguir casi desayunando el estupendo menú del Arriate, que todos los días es el mismo y encima va a menos; y venga a deambular por los estupendos bares del Puerto: bares de copas y algún que otro escenario con conciertos –Uy, perdón: showcases– a razón de treintaypico por día; a ver el hardcore standard de José Casas y la Pistola de Papá, mejor nombre de grupo de la feria de largo, en el Milwaukee; a flipar con la agria e intensísima serenidad de Ainara Legardón presentando en El Niño Perdío (premio al mejor nombre de bar) las canciones de un disco por estrenar: joooooooder, quiyo… ella y un batería, pa qué más… bueno, y los de La Débil, que declaran 38 horas sin dormir y se les cree; y luego a derribar prejuicios en el Mucho Teatro: Hola a Todo el Mundo chanan en directo y se ríen de sí mismos: aquí hay un mosquito que me ha picado en plena canción pero no lo puedo matar porque como soy jipi…

Por la noche, primera jornada del festival que va pegadito a la feria y se celebra en ese monasterio del XV reconvertido en ese Penal del que se fugó aquel Lute y bla bla bla; y tras la magia pedalera con violines y silbidos de Andrew Bird descubrimos que Pony Bravo son más bravos cuando son los mismos pero se llaman Fiera el día siguiente en La Plaza del Castillo y entonces parecen llamarse Einstürzende Neubauten a la vez que se llaman Talking Heads y No Me Pises Que Llevo Chanclas… o así; y luego no se pudo descubrir mucho más porque cayó toda el agua de golpe y nos quedamos sin Luger, Faust y Chrome Hoof. Cagontó, cohone…

Y el domingo otra mesa con la nunca bien ponderada Marcela San Martín –alias programadora de El Sol– y Fino Oyonarte entre otros: Evolución de la oferta de la música en vivo, se llamaba el asunto; y más pescaito; y más música y garitos nuevos: a bordo de un barco anclado de nombre La Pontona se unen el jazz y el hip hop murcianos con El Klan Ceice; en lo que antes era restaurante, Las Maris (una se llama Javier Álvarez y la otra Nieves Arilla) con su cabaret a dos voces, uniforme colegial, versiones de Chunguitos en armonía y batería intacta; entre tanto vaivén y lo de salir en auxilio de alguna que otra chica que se queda encerrada, imposible llegar a lo que se dice que fue lo mejor de la feria: Fuel Fandango

Por la noche a rezar… al monasterio… oraciones psicotrópicas tremendamente elevadas: las de Cave, con dron y eco cavernarios, sí; su miniteclista una versión jibarizada y descalza de Manuel Martínez, a la sazón cantante de Medina Azahara, al que había que ver bailar igual de psicotrópicamente, arrítmicamente feliz, a ritmo del freakshow divertido y pelín monótono, de Quintron and Miss Pussycat; entre medias Sonic Boom arranca bien y luego arranca algún que otro bostezo con sus cacharritos antes de que se una la banda con la que ataca, por ejemplo, un rabioso TV Eye; y hoy sí tocan todos así que The Strange Boys despliegan pub rock en transición a la new wave impecable pese a llegar 30 años después de lo esperado: jóvenes clásicos; y Kid Koala se disfraza de oso para seguir acertando con lo suyo: remezclar en directo e inventarse con sus platos unas canciones que no están en los discos: más sobre él al final.

El último día amanece soleado para despedir la Monkey Week con brillo; cantando Tómame o déjame de Mocedades a voz en grito y a tope el sentimiento a dúo con Garikoitz de Ornamento y Delito en pleno monasterio-cárcel; viendo disfrutar como a un niño a Rhys Chatham -58- factotum de un taller tras el cual él mismo y 7 guitarristas locales interpretan para el público su mítico Guitar Trio en versión punk y en versión clásica para acabar desafinando las 8 guitarras en busca de nuevas afinaciones; para echar la penúltima con los colegas de Hoy empieza todo antes de ayudar a regalar una guitarra y un bajo preciosos a un par de bandas debutantes, cortesía de Raquel; para tomarse la noche también con calma y retirarse –a tiempo es una victoria- tras unos Buzzcocks que provocaron diversidad de opiniones –sus canciones fantásticas echadas a perder mil años después según quien les escribe – y Triángulo de Amor Bizarro, que ya son el mejor grupo de rock de este país conquistado definitivamente el escenario: a-co-jo-nan-tes.

Y en el taxi de vuelta, su conductor deja semejante titular: me han dicho que ahí ha tocado El Koala ¿Será más bien la versión Kid o me habré perdido también el Opá por haber estado moneando?

(Fotos de DJFlow)

El éxtasis y el tormento: 10 días de directos

10 días 10 transcurren entre la visión sutil de un Apóstol / Arcángel y el desacostumbrado sudor de un laptopista. 4 sonoras citas en esos diez días para terminar de aterrizar en el purgatorio madrileño. La segunda basta con mencionarla: funk y reggae de andar por casa con la firma del extremeño Gecko Turner. La primera, casi una revelación. Demasiadas coincidencias sacras: Peter Gabriel, ex Genesis, y su gira New Blood, Nueva Sangre.

La revelación es orquestal. Peter presenta Scratch My Back, su disco de versiones arregladas para una Sinfónica de 50 y pico, piano y tres voces. Lejos de la grandilocuencia, esos arreglos son sutiles y funcionan mejor cuanto menos escuchadas están las canciones. Las mejores, My Body Is a Cage (Arcade Fire) y The Book of Love (Magnetic Fields). Emocionante.

Segunda parte -para casi 3 horas en total- con lecturas orquestales de clásicos del propio Gabriel. Sonó una Orquesta de la Sabana para Rhythm of the Heat. Crescendo disonante con Signal to Noise. Torrencial Red Rain y apoteósica -buscando al público- Solsbury Hill. Final reposado con Peter al piano. Y todo el concierto, impecables la puesta en escena y las proyecciones. Bonito de cojones.

El siguiente es un Ángel, según uno de sus propios discos, Exterminador. Que nos ha matado, sí, con munición de pop. O POP, con mayúsculas. Se llamaba y se llama Carlos García Berlanga. Y el jueves 30 de septiembre de 2010 vivió un poco más gracias a los que reinterpretaron sus canciones en Joy Eslava. Presentaban, de forma un poco desangelada, Viaje satélite alrededor de Carlos Berlanga.

No faltaron quienes tenían que estar sí o sí: Olvido Gara y Nacho Canut; y su En el volcań es fantástica. Como fantástico es el giro tanguero con el que Bebe (sí, Bebe) revuelve la escuchadísima A quién le importa. Y las capas de ruido en que Planetas envolvieron El verano más triste después de que un Eric Jiménez pasadísimo de vaya-usted-a-saber-qué intentara contarnos algo tremendamente trascendente.

No sorprende que Hidrogenesse hagan grandes unas Tazas de té. Ni que Anni B Sweet endulce (lo justo) Manga por hombro. Lo más divertido de la noche llegó con Acusicas y un Mujeres Rusas que se convirtió en sintonía de Vodafone (patrocinadores del evento) vía Bote de Colón. Lo peor, el absurdo de Nancys Rubias y La Bien Querida siempre al borde del desafine en directo.

Y, en pos de la variedad, hace apenas unas horas se hacía acto de presencia en un trocito del Experimentaclub, como todos los años. En La Casa Encendida. Empezando con algo inaudito: un laptopista físico. Y libanés: Tarek Atoui. Pertrechado con portátil y toalla. Con su entrega, sus bailes chiquitistaníes, lo rockero que quedaba pasar la mano por encima de esos pads que escupían ruido a su dictado y el ser clavadito al cantante de Coz, Juan Márquez, casi esperábamos que agarrase una guitarra y se arancase con un Mas Sexy. Hubiera estado bien: en estas cosas se echa en falta un poco de humor. Ruido electrónico disparado y disparatado. Molón.

Y luego lo más esperado del día: Seefeel. Funcionando por momentos: cada vez que uno podía engancharse a su imbatible dron, entre el shoegazing, el IDM y el ambient. Pero la ausencia del bajista y los continuos problemas con el PCQue se compre un Mac! pidió alguien) lastraron los otros… momentos.

(Fotos de DJFlow)
In the mix VVAA Viaje satélite alrededor de Carlos Berlanga