¿Demasiado Sugar… Man?

Acabo de ver Searching for Sugar Man. Sí, me ha gustado. Sí, me ha interesado. Sí, la historia me ha emocionado. Pero a Malik Bendjelloul -no tengo todavía muy claro si voluntariamente, durante el largo rodaje o después, al darse cuenta del material que tenía entre manos- le ha quedado una cosita demasiado Hollywood. Normal que se haya llevado el Óscar. Bueno. Vale. No os echéis encima todavía. A ver si logro explicarme.

Por cierto: el texto contiene SPOILERS mejor ved el documental -recomendable en cualquier caso- y de paso escuchad la hermosa música de Rodríguez antes de leerlo.

Rodríguez acaba siendo una especie de espectro misterioso y en realidad más que él es su espíritu -el arte, la humildad, la determinación, la paz interna- el que va impregnando la película. Hay que adivinarle. Él prácticamente no habla. Son sobre todo sus canciones, sus fans sudafricanos, sus hijas -las tres con ese mismo aire de paz interior que exhala su padre- y hasta sus compañeros de trabajo en la construcción -absolutamente impagables- los que acaban construyendo el personaje. Y la arquitectura de esa búsqueda de Sugar Man es impecable. El documental se va desenredando y va desvelando la historia a un ritmo adecuado. Y emocionante.

Pero claro, con la poca información que se va revelando surgen constantes preguntas ¿El problema? Son demasiadas. Y no se responden. Peor: hay cosas que se pasan por alto y ni siquiera se mencionan. Por ejemplo: Sixto Rodríguez tiene una esposa. Cero menciones. Está claramente enfermo ¿Qué le pasa? Ni idea. Y, claro, no lo podemos evitar… ¿Dónde está el dinero de las ventas de sus discos? Seguramente nos lo imaginamos, pero el tema se esquiva en exceso. Eso sí, la entrevista con Clarence Avant, dueño de su sello americano, que acaba dando más de una pista al respecto, es uno de los mejores momentos del documental: extremadamente potente.

Ojo. Si habéis llegado hasta aquí sin haber visto el documental, todavía no se ha desvelado nada trascendental. Estáis a tiempo. Pero ahora viene el SPOILER de verdad.


Pero lo peor, lo que puede llegar a desmontar de verdad el documental y su tesis, es haber omitido conscientemente que Rodríguez también tuvo éxito en Australia -y Nueva Zelanda- en la segunda mitad de los 70. Que de hecho actuó allí con éxito entre 1979 y 1981 -donde llegó a grabar un disco en directo-, casi 20 años antes de hacerlo en Sudáfrica. Esto es lo más hollywoodiense del asunto. Claro, que Rodríguez triunfe únicamente -y sin saberlo- en la Sudáfrica de la etapa más dura del Apartheid (aislada del resto del mundo, ahogada por el propio régimen y las sanciones externas) convirtiéndose en icono de la lucha por la libertad -entre los Afrikaans que luchaban contra el régimen- y casi 30 años después acabe actuando allí dándose un auténtico baño de masas… se vende mucho mejor. Olvidamos entonces esa pequeña anécdota australiana y ya… Vale, será lícito… pero tremendamente tramposo. Sobre todo en un documental ¿No?

At His Best, recopilación publicada en 1977 exclusivamente para el mercado australiano