La Fiebre del Mono: Monkey Week 2013

Lisa and The Lips

1, 2, 3… y 4. Sí: 4 Monkey Weeks consecutivas. No puede ser de otro modo. Estoy enganchado a “la fiebre del mono”. A un evento (me niego a llamarlo festival: es más bien una feria que además de ofrecer toneladas de música propicia el encuentro distendido –entiéndase como se quiera- entre profesionales) que sigue creciendo y, a la vez, tiene que protegerse de esa misma fiebre, que puede convertir al mono, monete en un enfermo. Un enfermo terminal que podría llegar a “morir de éxito”. Una fiebre que, como todas, tiene como síntoma principal el escalofrío.
Ken Stringfellow

De escalofrío bueno, el “Moon River” de Stringfellow en su concierto dentro de la bodega (un escenario sobrecogedor, empapado en vino e historia, que Ken convirtió en su casa); el desgarro vital de Lisa Kekaula, que impresionó en la corta distancia en el stand de Gibson, convertido en un escenario más –y de los mejores- gracias a las constantes y brutales actuaciones cuerpo a cuerpo entre artistas y público: Raimundo Amador, Anaut (espectacular, rebosante de swing y buen gusto) Mucho, Niño y Pistola, Pájaro, Última Experiencia… Escalofriante también la rabia incontenible, esa llamada a la rebelión, escenificada por León Benavente en el Teatro Muñoz Seca, que nos levantó de la butaca, nos hinchó el pecho y nos removió las tripas. Un concierto político en el que las letras brillaron como proclamas y cobraron pleno significado. Que acabó con Abraham Boba corriendo a trompicones por el escenario, hecho un auténtico punk. Deslumbrante.

León Benavente

De escalofrío malo el terrible sonido que en general padecimos en Mucho Teatro, lugar del festival nocturno. En el caso de Chuchorozó el boicot. Nos impidió disfrutar de los Posies o los Damned. Y logró que directamente no se escuchara a los Hermanos Cubero más allá de la tercera fila. Pero es que en otros cuantos escenarios también lo padecimos, ojo: en la plaza de Alfonso X. Y en varios de los garitos. Algo a subsanar de inmediato, imperdonable si queremos/quieren que siga creciendo el Monkey. Un evento musical no puede descuidar el sonido de los conciertos.

Niño y Pistola

Así, pese a un inicial sonido horribilis, la temperatura de la fiebre del Monkey también se elevó en el concierto de Julián Maeso (de nuevo en compañía del Posie Mayor Ken Stringfellow, premio indiscutible a “the hardest working man in the Monkey” este año) en la Plaza de Alfonso X. O con Niño y Pistola, que se tocaron con voracidad y bajo un sol de justicia su disco-suite “There’s a Man With a Gun Over There” en otro de los escenarios de las bodegas donde este año se colocaron los stands y se celebraron las jornadas profesionales. Un 10 al cambio de ubicación.

Julián Maeso Band con Ken Stringfellow

También en las bodegas, una decepción: el desordenado Homenaje a Ricardo Pachón. Momentos tan extraños como aquel en el que el cantante de Los Labios (Sammy, ese hijo del mítico sevillano Silvio criado en Gran Bretaña, que parece haberse tragado a Mick Jagger) hizo trizas un “Cocaine” levantado por la guitarra de Raimundo Amador; a quien por cierto ya habíamos disfrutado a dúo con el mítico cubano Octavio Kotan; y con su paisano y compañero Pájaro (ex compañero a su vez de Silvio), juntándose así dos leyendas de la fusión callejera sevillana.

Pájaro con Raimundo Amador

Como siempre, hasta 9 bares del Puerto de Santa María se convirtieron en escenarios del Monkey por la tarde/noche con todo tipo de propuestas. Entre lo más interesante, Money For Rope, Mucho, Los Labios, La Inesperada Sol Dual, Sonograma, Bëlop o –para el que suscribe, el mejor de los “showcases” vistos- Oso Leone.

Oso Leone

De postre la espantá de Carlos Jean, al que “se le hizo tarde”. Tenía que cerrar el Monkey, pero se enfadó por el retraso (también una constante) y no pinchó… o lo que fuese a hacer. Muchos incluso se alegraron. Más aún nos alegrará regresar al Monkey en 2014. Sobre todo si se arreglan los constantes problemas de sonido. Por favor, monetes…

Última Experiencia

Fotos de DJFlow

Hola, Lou Reed


Gran Genio Gruñón. Es legendario tu mal humor. Se habla, se habla y se habla de lo arisco y difícil que eras. De tus contradicciones. De tu irregularidad. De tu inaccesibilidad. De tu tendencia al auto-boicot. De tu permanente huida hacia adelante… y hacia los márgenes. Curioso. Se dice más o menos lo mismo de Dylan. O de Young. Incluso de Bowie. Y yo digo: ¿No serán esas entonces algunas de las coordenadas de la genialidad?

Con 14 o 15 años te escuché –conscientemente- por primera vez. “Rock’N’Roll Animal”. Tu directo de 1974 parecía ser el único que se nos permitía a los jebis, el que circulaba en copias de casete entre la manada. Así, entre solo y solo de guitarra de Steve Hunter y Dick Wagner (y el zigzagueante bajo de Prakash John, y el Hammond de Ray Colcord…) se me grababan ya a fuego cuatro largas versiones “guitarreras” de la Velvet Underground (“Sweet Jane”, Heroin”, White Light/White Heat” y “Rock’n’Roll, ahí es nada) y una más corta (“Lady Day”) de tu tercer disco en solitario… Joder, Lou: el puto “Berlin”. Me cautivó tu arrastrada forma de “cantablar”, nada que ver con los “shouters” del heavy metal.  Tiempo después –recuerda, te escuché en cintas de casete “pirateadas”- te descubrí en la portada: eras un animal del rocanrol desenfocado, maquillado y llenito de tachuelas. Joder, Lou.

Pasaron unos años hasta que me enfrenté a las muy diferentes versiones originales de la Velvet Underground. Seguramente era esa época en la que, de tan indi que quise ser, el “Nevermind” me parecía “basura comercial”. Tú –y los demás- me disteis un curso intensivo de historia del rock añadiendo “Venus In Furs”, “Pale Blue Eyes”, “Sister Ray”, “Afterhours”, “Sunday Morning”, “The Black Angel´s Death Song”, “Ocean”… a la compleja ecuación velvetiana. Una ecuación con muchas incógnitas y muy pocas soluciones.  O con todas las soluciones posibles. Una respuesta violenta, arty, callejera y yonqui a la psicodelia, el pacifismo y “lo hippy”. Un agitado viaje de iniciación entre el lirismo extremo y el ruido apisonador. Sois una de las bandas esenciales de la música popular… y de mi banda sonora vital.


Un viaje similar al de tu carrera en solitario: tortuosa, desigual, experimental, rugosa, incorrecta, contradictoria, arisca. Fuiste pura confrontación entre auténticos tostones (“The Raven”, “New Sensations”, “Growing Up In Public” o ese disquito con Metallica, hay que joderse, Lou), obras maestras (“The Blue Mask”, “New York”, “Berlin”), delicatessen como ese álbum a medias con tu colega / antagonista John Cale en homenaje a Warhol (“Songs For Drella”), el gélido “Magic & Loss”  o el delicioso “Coney Island Baby”. Y hasta un gran disco co-producido por tu amigo David Bowie que te puso a las puertas del gusto masivo: “Transformer”.
Tuve la suerte de verte cinco veces en directo. Hablando de Bowie: yo también estuve allí, cagándome en ti –junto a unos miles de personas más- cuando diste un auténtico bolo de mierda en el Monte Do Gozo compostelano sustituyendo a tu accidentado colega. Por suerte The Cure me regalaron después uno de los mejores conciertos de mi vida. Por suerte me habías ganado unos años antes con grandes actuaciones en el Doctor Music asturiano y La Riviera. Por suerte me recuperaste un par de semanas después del chasco Xacobeo saliéndote en el FIB. Y ese conciertazo encima lo sacaste en dvd. Lo del 2006 en Primavera Sound… ni fu ni fa, Lou, para que nos vamos a engañar…
Tampoco –¡Mierda!- puedo evitar acordarme de un “prestigiosísimo” productor, locutor y ¿periodista musical? que tras hacerte una entrevista de mierda en macarrónico inglés, tuvo encima los cojones de escupir: “¿Pero este quién se ha creído, si yo he vendido muchos más discos que él?” Sí Lou, bien sabes quién es. El mismo que imaginó… ay, perdón, contó –en su habitual alarde de lugares comunes y mal gusto- cómo se tuvo que recorrer el Madrid “la nuit” acompañándote a ti y a “un travesti” a pillar heroína… ¿Llevaba también 26 dólares en la mano como el protagonista de tu “I’m Waiting For The Man”? Pero ahí no acaba la cosa… ¿Sabes lo peor, Lou? Yo pude haberte hecho esa entrevista… Y te habría preguntado, por ejemplo: How do you think it feels / When you’re speeding and lonely / How do you think it feels / When all you can say is if only?

Si solo siguieras aquí, Lou…