Despedida a destiempo: Scott Walker

Andaba yo flipando con el fascinante documental 30 Century Man sobre Scott Walker

(INCISO: como escribí a continuación en Facebook, la película ayuda a comprender (algo) mejor su intrincadísimo universo interior, sus motivaciones y la forma en la que funcionaba su inconmensurable y arcana creatividad. Permite comprobar cómo su música y su poesía han ido empapando todo lo que venía después -o más bien cómo nadie ha logrado transitar caminos parecidos y menos aún ir más allá, tal y como viene a decir Brian Eno en uno de los momentos más reveladores del documental-, y cómo ha impactado a algunos de los músicos británicos a los que más admiro: de Bowie -productor ejecutivo del documental, por cierto- a Jarvis Cocker pasando por el propio Eno, Allison Goldfrapp, Radiohead o Marc Almond, aunque este último me ha caído bastante mal cuando dice que Tilt es “un disco horrible”)

…y caí en la cuenta que no escribí nada sobre él cuando falleció el pasado 22 de marzo. Buscando otra vez en Facebook, me topé con otra cosita que me salió allá por enero de 2018 tras exponerme a una dosis -seguramente peligrosa- de su música y que me sirve perfectamente como obituario. Además, se refiere concretamente a la canción que da título a ese disco detestado por mi -ahora un poco menos- amado Almond. Miel sobre hojuelas…

Rendirse a la música de Scott Walker para desaparecer en cada nota, pelearse a hostia limpia con lo desconocido. Hacerlo sin anestesia ni prejuicios. Desbrozar cada canción a machetazos. Rebozarse en su deseo sucio y en su deslumbrante oscuridad. Enloquecer. Dejarse penetrar sin lubricación. Viajar a un universo tan propio como indescifrable, fuera de toda coordenada espacio-temporal, donde extremos y bandazos acaban revolcándose en una coherencia maravillosamente imposible, solamente suya.

El Señor Engel te abraza, te atrapa, te asfixia, te acaricia, te retuerce, te exprime, te olvida, te besa, te muerde, te deja hecho un puto trapo, te salva la vida, te eleva… Es extremadamente difícil: jamás explica ni perdona ni hace prisioneros; te exige todo sin prometer nada y la única recompensa es la que tú mismo encuentras. Si la encuentras. Por el camino (nunca recto, siempre torcido) es muy posible que te dejes la piel, pero… ¡Ay de ti si al menos no lo intentas caminar!

There’s a need to sleep
In the shag of his stomach
Slide around his eye
With your love in tow
If he heads this way
Don’t you say hello
Get out of the way

TILT (1995)

15 años de malestar (general)

Hoy (no me he acostado aún, así que a todos los efectos sigue siendo 15 de junio) hace exactamente 15 años que puse en marcha esta bitácora con las siguientes palabras: Se me pierden los quejidos por el camino y voy encontrando alivios, más que penas. No sé dónde demonios acabará esto. Pero así empieza. Esos quejidos y esas penas eran, entre otras cosas pero sobre todo, los efectos de una ruptura que me dejó absolutamente descolocado, desconcertado y, sobre todo, dolorido. Y la bitácora, un intento de amortiguarla. Tantas cosas han cambiado desde entonces en mi vida, en Internet (de hecho, y por mucho que me empeñe, lo de los blogs dejó de tener sentido hace años) y en el mundo en general… que no sabría ni por donde empezar. Así que ni siquiera empiezo…

Sí quiero dejar por escrito que empezó siendo una especie de muro de lamentaciones con ínfulas literarias pero que por suerte muy pronto -en menos de un año- se había convertido en un blog esencialmente musical. O sea, lo que sigue siendo hoy, aunque haya mutado a un perfil algo más lógico para los tiempos que corren: el -más o menos- profesional. También quiero recordar aquí que lo de Malestar General está basado en el título del primer libro de Mercedes CebrianEl malestar al alcance de todos (Caballo de Troya, 2004)-, entonces una de mis mejores amigas y, desde luego, la persona que me empujó a meterme en esto del Blogging (así se llamó la primera entrada de Malestar General que pueden encontrar aquí en su ubicación original en Blogspot) y a la que se lo debo agradecer.

Pienso hacer una cosa para celebrar estos quince años casi ininterrumpidos de Malestar General (he estado a punto de matarlo varias veces, pero al final nunca ha habido más de 5 meses sin entradas -o posts, o como sea- y eso solo ha ocurrido en un par de ocasiones o tres) que, en realidad ya hice en 2009: recopilar de alguna manera -todavía tengo que decidir exactamente cómo- los 100 (o quizá los 200) mejores discos de la década. Sí, antes de que nos pongamos a discutir: para mí las décadas empiezan en el año cero y acaban en el nueve. O sea, serán los mejores discos del periodo 2010-2019, y seguramente me pondré a ello a partir de septiembre.

Por último (pero en absoluto menos importante): un quince de junio de hace 40 años se editó el primer disco de Joy Division: Unknown Pleasures; o sea, que cumplió los 25 el día en que se ponía en marcha esta sinrazón. Por cierto, lo estoy escuchando una vez más mientras escribo esto y voy a recuperar mi tradición del In the Mix (o sea, reseñar al final de la entrada el disco que sonaba mientras la escribía) para la ocasión.

Pero no es esta mi única unión peculiar con Joy Division (que sigue siendo una de mis bandas favoritas de todos los tiempos), ya que mi amado Ian Curtis tuvo a bien quitarse la vida el día de mi 12 cumpleaños: 18 de mayo de 1980. Ítem más: el estribillo de su canción más conocida, públicada tras su muerte –Love will tear us apart… again– fue la frase con la que quise exorcizar los demonios -o los santos que yo te pinte, como cantaban aquellos- que precipitaron esta bitácora, y la encabezó durante años. Por si todo eso fuera poco, la imagen de Ian Curtis fue mi avatar durante mucho tiempo. En general, y de múltiples maneras, su sombra, su música y sus textos siempre han planeado sobre estas páginas.

¡Ah! Y encima -quizá a modo de cerremos el círculo de una puta vez– uno de mis poemas favoritos de Mercedes Cebrían -el que abre Mercado común (Caballo de Troya, 2006)- empieza con unos versos…

Aquí están los adultos de la Unión
Europea. Aquí también su manera discreta
de expulsar de sus vidas
a los otros adultos
–afortunadamente en todos sus armarios
hay una gabardina
azul marino o beige

…que desde el momento en que los leí asocio ya para siempre a ese…

Here are the young men, the weight on their shoulders,
Here are the young men, well where have they been?
We knocked on the doors of Hell’s darker chamber,
Pushed to the limit, we dragged ourselves in…

…con el que se abre a su vez Decades, el último tema del segundo -y último- álbum de Joy Division, Closer; a su vez, Here Are the Young Men es el título de su único vídeo oficial editado en Factory: un directo de una hora que lleva como bonus track el vídeo clip de Love Will Tear Us Apart… Again?

In the mix

Joy Division

Unknown Pleasures

Letra y música

Gracias a mi contacto trasatlántico Shauna McLarnon de Shameless Promotion, tengo acceso a dos interesantes novedades literarias -de momento solo editadas en inglés- relacionadas con sendas excelsas bandas británicas que se gestaron en la segunda mitad de la década de los 70 (del siglo pasado, como gustan de añadir los más pedantes del barrio) y llegaron a ser -cada cual a su manera- motores imprescindibles de ese gustosísimo caldo de cultivo del after-punk y la nueva ola. Dos libros tan diferentes como los grupos a los que se consagran: Japan y XTC.

A la mayor gloria de la primera se edita Cries And Whispers 1983-1991 (Sylvian, Karn, Jansen, Barbieri) (Burning Shed, 2018). Se trata de la continuación de Japan: A Foreign Place. The Biography (1974-1984), publicado en 2015. A lo largo de sus más de 230 páginas, Anthony Reynolds vuelve a asombrar por la mezcla de rigor, exhaustividad, atención por el detalle, entusiasmo y amor con la que desgrana la música y -ante todo- la peripecia de David Sylvian y compañía.

Tal como explicita el título, la obra trata los años posteriores a la disolución de Japan, con sus componentes en estado de gracia. No solo Sylvian alcanza sus mejores momentos como solista (lo demuestran sus cuatro primeros discos, que se acaban de reeditar en vinilo gordo, y muy especialmente Secrets of the Beehive -1987- y Brilliant Trees, de 1984) sino que además Mick Karn graba con Peter Murphy su debut como Dali’s Car, el dúo Steve Jansen / Richard Barbieri entrega el fantástico y reflexivo Worlds in a Small Room, y hasta Rob Dean -que había abandonado el grupo en 1981- deja su impronta en el debut de Sinead O’Connor: The Lion and the Cobra, de 1987.

Pero el clímax se produce cuando los cuatro primeros convergen entre 1989 y 1991 en esa espectacular coda de Japan llamada Rain Tree Crow, con la que Reynolds redondea el relato marcando las distancias en la forma de trabajar del cuarteto en esta nueva encarnación, cuya música se crea de forma comunitaria en el estudio y no -como antes- a partir de las composiciones de Sylvian. Así, todos aportan a Rain Tree Crow un plus -extraído de lo que venían ensayando y aprendiendo en solitario y en sus numerosas colaboraciones- que acaba por enriquecer enormemente el resultado.

Anthony Reynolds retrata con minuciosidad de taquígrafo todos los movimientos de los ex-Japan, aportando un aluvión de datos y -como ya ocurría en el primer libro sobre el grupo- no entrando en exceso en la crítica musical. Se trata, una vez más, de una biografía pura, pero documentada con primor. Al igual que ocurría con A Foreign Place…, Cries and Whispers… solo se puede comprar a través de la web que lo edita, la mencionada y muy recomendable Burning Shed, hogar de los amantes del progresivo más elegante y el art rock más sofisticado. Concretamente, en este enlace.

Web en la que también se puede comprar o reservar aquí mismo, (no sale hasta el 8 de marzo) What Do You Call That Noise? An XTC Discovery Book. En este caso lo publica con sus propios medios el editor, Mark Fisher, toda una eminencia en asuntos XTCianos. No en vano, fue el creador del fanzine británico Limelight, dedicado por completo a la banda y antologizado en The XTC Bumper Book of Fun for Boys and Girls, libro que salió a la venta en 2017 y se puede adquirir aquí.

La ambición de Fisher en What Do You Call That Noise… es enorme. Músicos (entre ellos Peter Gabriel, Mike Keneally, Rick Buckler de The Jam o Debbi Peterson de Bangles) y otros fans más o menos anónimos hablan sobre sus canciones, discos, conciertos, anécdotas y/o momentos favoritos de y con la banda. Además, entrevistas con los componentes, un análisis antropológico de las letras de Colin Moulding, reportajes sobre bandas de versiones de XTC y hasta de un chiflado que recrea en su canal de Youtube las canciones del grupo traducidas al alemán… o rutas por el Swindon -su lugar de origen- de XTC.

A lo largo de algo más de 220 densas páginas y con muy poco material gráfico, el enorme legado de XTC recibe el tratamiento que merece. Es un libro, en principio, para (muy) fans, pero bienvenido sea si anima a unos cuantos lectores adicionales a descubrir la música de una banda tan poco y mal conocida como -creo- imprescindible.

DUPELL (De un país en llamas)

-¡Eh! ¡Simón! Contaremos hasta tres y estaremos en 1985…

-Yo era consciente de, yo qué sé, “La estatua del Jardín Botánico” o el “Dance usted” de Radio Futura. Pero estábamos ya -de largo- fuera incluso del calendario oficial de la Movida, cuando de repente me dejaron patidifuso con su mejor trabajo… que no, no era “La ley…” ni siquiera “La canción…” y que, sobre todo, es el mejor disco español de los 80… (Sí, lo digo yo ¿qué pasa?) No admito disensión posible. Por eso escribí esto en 2008… y por eso ahora escribo esto otro…

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La primera vez que escuché “De un país en llamas” me recorrió ya ese escalofrío: de reconocimiento, de desconocimiento, de identificación instantánea, de incomprensión absoluta. De no ser capaz de explicarlo. De haber descubierto un tesoro, una guía, un acompañante. De estupor. De puro placer. Escalofrío que no se agota, se recupera, se rememora, se acrecienta, se repite, rebota y muta con cada escucha. Te hace recitarlo desde el recogimiento… a voz en grito.

Un disco que se ha convertido en amigo a lo largo de más de 30 años. Al que acudir en momentos difíciles. A veces como bálsamo, otras como droga. En ocasiones para enfadarme con él, insultarle o pedirle explicaciones. A veces bailamos un agarrao; otras, cantamos a coro. Alguna vez nos hemos desahogado juntos. Él me cuenta, yo le cuento. No he tenido nunca una relación así con otro disco. Las habrá mejores, vale, pero no son como ÉSTA.

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Un disco de letras que se esconden tras capas ocultas que a su vez se van descubriendo o sepultando de forma caprichosa… o precisa al milímetro. Que se revelan perfectamente comprensibles… y cuyo significado vuelve a deshacerse en el mismo instante en el que golpean los oídos. En el fondo, creo que no las entiendo en absoluto. En algunas ocasiones eso me preocupa. En otras, me agrada. Otras tantas, me cabrea.

Pero, sobre todo, es un disco sobre el que me obsesiona escribir. Quizá algún día lo logre…

(más, próximamente, espero)

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Con los fastos de final de año se me había pasado poner por aquí el texto que escribí (a petición de Edgar Lujan) para la reedición de uno de mis discos favoritos de 2016: Atardecenaranjainfierno: Tributo a Carlos Desastre, el fascinante homenaje a la obra de Carlos Desastre (Dando Amor), uno de mis músicos de cabecera desde que lo viví por primera vez (y con mucha intensidad) a principios de los 90. Se puede descargar el PDF completo aquí y el recopilatorio Atardecenaranjainfierno acá

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año 1993… año 0… y año 713…

maldita sea… no consigo recordar dónde demonios compré mi “a veces el dolor”… prensado en vinilo fino como el papel de fumar… que sonaba a rayos… y llevaba dentro ese single… limosna para morir / cielo bajo tierra… que había editado subterfuge un año antes… numerado… sí, yo soy y seré siempre el 561… ese vinilo que grabé en una TDK a la segunda escucha temeroso de perder su música para siempre… noooooooo… con la siguiente pasada de la aguja… aguja que cae sobre púa chirriando sobre cuerdas y a veces el dolor viene a vivir a casa y trae a su hijo ciego… el collage de la contraportada… prohibido el cante… la mariposa con cuerpo de mujer morena… no me hizo falta más en esos días para renegar del chup chup… del espíritu adolescente… del puto noise-pop… recuerdo agarrarme a ese sonido como un náufrago del indie… con el regusto de la angustia alimenticia… de ese pasarlo bien pasándolo mal… de un asistir boqui-oreji-abierto a un concierto en la sala el sol… con desastre, l. acién y salvatierra haciendo su rumbaruidorock… infe-rrr-nal… ondeando la bandera rota de la generación de la catástrofe rock apadrinada por don javier corcobado… vamos a morir… ebria danza… vírgenes adolescentes… amor sucio… superelvis… mil dolores pequeños… 713avo amor… la catástrofe que me dolía a mis veintitantos… porque DESASTRE ERA MI DESASTRE

año 2004… año 11… e-mails

Para: “bulegoa@ailimitada.com”
De: lflores@telemadrid.es
Fecha: 04/03/2004 12:18
Asunto: Desastre

hola, os escribo en calidad de periodista (soy guionista de programas musicales de laotra, segundo canal de telemadrid), pero sobre todo como amante de la música de 713avo amor y, en general, de los varios proyectos de carlos desastre… para mí, la música de 713avo amor y de personajes igualmente doloridos y dolorosos como corcobado, almendral o los colis fue muy importante a principios de los 90… la banda sonora de mis primeros 20 en un madrid de conciertos en revólver y el sol y bares “ultrafreak” abiertos hasta las 7 de la mañana que morían en domingos por la mañana en el rastro… todavía conservo mi copia de a veces el dolor que parece prensada en papel de fumar y que me copié a cassette para…

luis miguel flores

Para: “lflores@telemadrid.es”
De: bulegoa@ailimitada.com
Fecha: 05/03/2004 16:30
Asunto: Re: Desastre

hola luis, lo primero darte las gracias por tu apasionada y apasionante carta… gracias por guardar tan hermosos recuerdos y traérnoslos a nosotros… el que te escribe es carlos desastre, desde la oficina de la compañía de sueños ilimitada, me ha tocado a mí estar aquí y abrir directamente tu email, y aunque de todas formas me los pasan si no estoy aquí, hoy ha sucedido así, y me alegra doblemente… aquí estamos en este colectivo en el que tratamos de editar con mucho amor y pasión los trabajamos que vamos haciendo, y poner en orden de hermosura esas ediciones terriblemente maltratadas, como tú bien ejemplificas al hablar de a veces el dolor en papel de fumar, conozco a muchos que tuvieron que hacer lo mismo, y otros muchos que no podían escuchar el disco porque saltaba constantemente…
…seguiremos soñando para eso vinimos al mundo… o con esa certeza al menos vivimos… nuestros mejores saludos amigos e ilimitados… hasta pronto

carlos DESASTRE

Horrores varios

años 2016/2017… años 23/24… reviviendo el desastre

y entonces viene atardecenaranjainfierno y me revuelve el espíritu 713… y una mañana recupero horrores varios de la estupidez actual… ¡ay! el segundo disco… y súbitamente me golpea nos cambiaron por pistolas… me asfixia y me enreda como entonces… quizá más… sí, definitivamente mucho más… y mientras me ahogo, la otra voz de la angustia atronadora me sigue rebotando su pregunta eterna… ¿existe acaso el centro de tu corazón?… no, la materia no existe… y el centro de mi corazón tampoco… pero DESASTRE SIGUE SIENDO MI DESASTRE

LUIS MIGUEL FLORES

atardece1

On the Beach

(según las últimas estadísticas)* son casi 15 años de vacío arañando su(b)stancia(s) para conformarse con epifanías de baratillo

soñando la huella de la sombra del rastro del fantasma de un quizá

hoy vinieron los smiths a buscarte en cada recodo arrancarte a hostias de la nada con death of a disco dancer ahogada en melancolía desenvuelta en exuberancia

los smiths en la playa como neil como los cure servidos en espiral de piano lluvia de guitarra y moz mudo imprescindible en su ausencia

con girlfriend in a coma hay veces en las que la podría haber matado pero sé que odiaría que le pasase cualquier cosa NO NO LA QUIERO VER y de repente esa maravilla do you really think she’ll pull through y venga adiós hasta otra en dos minutos apenas

por supuesto no lo sabía pero en realidad esperaba last night i dreamt that somebody loved me dos canciones más allá para compartir esas cuerdas aniquiladoras con alguien

y no hay

*robado a Dámaso Alonso, de su poema Insomnio (Hijos de la ira, 1944)

Eric y Charles

ahí llega Dolphy rompiendo de un soplido la armonía cinco veces Mingus

mingus mingus mingus mingus mingus crack

o mejor no nos engañemos llamándolo armonía

quizá re-construcción armónica

re-evaluación de Ellington y Basie desde un nuevo equilibrio

osadía clásica que debe romper Eric necesariamente

aquí y en los gloriosos directos del sexteto del 64